Estoy en casa.
No porque sea un lugar especial, sino porque ahora mismo es el único sitio donde no pasa nada.
En invierno, aquí, puedes estar días —a veces semanas— sin ver el sol. No es una metáfora. Abres la persiana y la luz no entra; se queda fuera, como si no tuviera permiso. Al principio lo llevas bien. Luego empiezas a notarlo en el cuerpo. Y más tarde, sin darte cuenta, también en el ánimo. Es una losa lenta, silenciosa.
Hay días así en los que echo de menos Alicante. No solo el clima —que también—, sino algo más difícil de explicar: la amabilidad natural de su gente, esa forma de estar en el mundo sin pedirte tanto a cambio. Aquí todo es correcto, preciso, funcional. Y aun así, hay un frío que no se mide en grados.
Faltan tres semanas para que Para no fallarte del todo se publique. El libro ya está escrito. Ya no lo puedo tocar. Ya no es exactamente mío, pero tampoco es de nadie más. Está en ese punto extraño en el que algo existe sin pertenecer del todo a ningún sitio.
No es una sensación heroica. Tampoco ilusionante.
Es otra cosa.
Es más bien un vacío.
No el vacío dramático, ni el que pide ruido para llenarse. Es un espacio limpio, casi quirúrgico, donde uno aprende a no moverse demasiado. A no estropear lo que ya está hecho. A no intervenir donde ya no toca.
Vivimos obsesionados con el siguiente paso. Con anunciar, con adelantar, con explicar antes de tiempo. Pero hay momentos en los que lo único sensato es sostener la respiración. No por miedo, sino por respeto.
A veces pasa. Cuando algo importante está a punto de ocurrir, pero todavía no es el momento de decir nada.
No se trata de calma. Tampoco de paciencia. Es más bien una forma de cuidado. Como quien protege una llama pequeña del viento, sin exhibirla, sin usarla aún para iluminar nada.
Quizá tú también estés ahí ahora. En un punto intermedio. Con algo terminado, o casi, o roto, o simplemente en pausa. Sin épica. Sin cierre. Sin fuegos artificiales.
No todo lo que importa pide ser celebrado de inmediato.
Algunas cosas necesitan silencio antes del ruido.
Algo importante viene.
Pero no hoy.


Bravo. Un brindis por ese silencio y por proteger la llama.